domingo, febrero 19, 2012

19) Tiempos paralelos

Vicente Herrera Márquez

Un hombre compra un diario y una pequeña caja de leche con chocolate en el kiosco de la esquina y aborda el microbús amarillo que de lunes a viernes lo lleva a su trabajo, en aquella mañana lluviosa de julio. Mira su reloj y ve que es muy buena hora para llegar puntual a la fábrica al ver que este marca exactamente las siete y treinta minutos.

Pasan cinco minutos de tiempo, a dos paraderos desde donde él subió, corriendo y jadeando sube otro hombre que también mira su reloj y observa que este marca exactamente también las siete y treinta minutos. También lleva un diario bajo el brazo, por coincidencia el mismo que compró el pasajero anterior.

Este se sienta en el único asiento que queda desocupado, justo al lado del hombre que había subido una cuadra antes.

Sin mirar al pasajero vecino este último abre el diario y se pone a leerlo al igual que su vecino de asiento que también comienza en ese momento a leer su propio diario después de tomar un par de sorbos de su leche chocolatada, mientras trataba de observar la calle y la lluvia por el vidrio empañado de la ventana.

Algo extraño hay entre ellos, son muy parecidos en su físico y en sus facciones, más bien son prácticamente idénticos.

¿Acaso son hermanos gemelos?

Pero al parecer no lo son y además ni se conocen, pues se ignoran por completo, quizás simples similitudes.

Sin embargo, tienen otras particularidades que los asemejan, ambos llevan relojes pulsera de idénticas características y lo más extraño de ello es que ninguno de los dos relojes tienen mecanismo alguno para ajustar la hora.

Además de ser ellos idénticos, prácticamente visten igual, ambos van con camisa blanca, traje gris claro bien planchado, impermeables color gris oscuro y zapatos negros que a pesar de la lluvia se ven bien lustrados, gris claro también el sombrero de tela especial para la lluvia.

La diferencia está en que solo uno de ellos lleva puesta una corbata azul, el otro también lleva corbata, pero la lleva en un bolsillo de su abrigo, de donde asoma una punta y también se ve que es azul, al parecer no alcanzó a ponérsela.

En sus bolsillos ambos llevan un sencillo llavero con tres llaves, un bolígrafo metálico y lentes ópticos similares, ambos llevan una billetera de cuero negro donde llevan sus documentos de identidad.

¡Y qué coincidencia!

Ambos documentos con el mismo nombre, la misma edad, igual nacionalidad y además la fotografía es idéntica, solo que en la del que subió último los ojos se notan un poco más cerrados que los del otro, como si hubiera habido algún pequeño lapso de tiempo en la toma entre una y otra. En una billetera hay $ 13.500 y en la otra también $ 13.500.

Ambos siguen leyendo sus diarios, ambos diarios de 20 páginas cada uno. El primero que subió comenzó leyendo la página número 19 (No miró la contratapa) y el segundo en subir empezó leyendo la pagina 1(La portada)

Mientras uno avanza página a página el otro retrocede.

En una de las paradas sube un vendedor al cual uno de aquellos hombres, el que subió último, le compra un jugo de naranja en envase plástico y paga $500 al vendedor.

Siguen cada uno leyendo el diario, mientras uno retrocede en las páginas el otro avanza o viceversa uno avanza y el otro retrocede.

El primero lee la 19, el segundo la 1

El segundo lee la 2, el primero la 18

El primero lee la 17. El segundo la 3

El segundo lee la 4, el primero la 16

El primero la lee 15, el segundo la 5

El bus avanza por las calles de Santiago, prácticamente su recorrido atraviesa la ciudad de sur a norte, suben y bajan pasajeros, suben y bajan vendedores, suben y bajan músicos y cantantes y también un señor bajo, flaco, con traje raído y con corbata que alguna vez fue roja, vendiendo enhebradores para agujas.

Los dos hombres siguen leyendo sendos diarios, el uno lo hacía de la 1 a la 20 el otro lo hacía de la 20 a la 1.

El segundo la 6, el primero 14

El primero la 13, el segundo la 7

A medida que se acercaban a las páginas centrales ambos sienten como que el asiento se torna estrecho y que el microbús avanza a más velocidad de la debida y sienten una ráfaga de viento helado que penetra por la puerta delantera y recorriendo el pasillo escapa por la puerta trasera. Sensaciones que solo inquietan a esos dos pasajeros.

A pesar de esas sensaciones, muy particulares de cada uno, siguen ensimismados en la lectura de sus diarios y cosa curiosa, ambos tardan el mismo tiempo en leer las páginas de aquel, pues el cambio de hoja era simultaneo.

El segundo lee la 8, el primero la 12

El primero lee la 11, el segundo la 9

El microbús sigue avanzando a toda velocidad, mientras la lluvia afuera es un diluvio.

Ambos hombres simultáneamente llegan, el segundo dando vuelta la hoja de la 9 a la 10 y el primero pasando su mirada de la 11 a la 10. Alcanzan a leer un titular que dice debido a las intensas lluvias, graves accidentes…

En ese preciso y justo momento el microbús choca con un pesado camión que intempestivamente cruza la calzada mojada y resbaladiza, produciéndose una gran colisión en una calle adoquinada de Santiago.

En medio del chirrido de frenos, el ruido de vidrios rotos y de latas retorcidas ambos hombres se miran por primera vez y con sorpresa y estupor ven como se reflejan cada uno en el rostro del otro, como si estuvieran frente a un espejo, solo que uno está sin corbata. Esa visión dura solo una décima de segundo o quizás una fracción de centésima…

Mientras el microbús da tumbos y fuertes sacudidas debido a lo cual ambos pasajeros salen despedidos con fuerza, el microbús después de volcar en el pavimento mojado y dar un par de volteretas se estabiliza a unos cincuenta metros más adelante.

Se juntó gran cantidad de curiosos, llegaron varias ambulancias, también un camión de bomberos, se presumía que habías muchas personas con graves consecuencias, sin embargo los policías que llegaron en varios vehículos inmediatamente se dieron cuenta que a pesar de la violencia del choque, los pasajeros salvo alguna fractura menor, contusiones, rasguños y susto no tenian grandes problemas que lamentar. Las víctimas fatales serían aquellas dos personas que salieron despedidas por la ventana cincuenta metros más atrás.

Grande fue el estupor de la policía y del juez que debía autorizar el levantamiento de los cuerpos de los occisos al constatar que era solo una la persona fallecida, mientras que muchos pasajeros afirmaban que eran dos las personas que venían en ese asiento y habían salido disparadas violentamente en una de las vueltas del microbús.

Recorrieron y buscaron minuciosamente por el lugar pero no había otro cuerpo, solo uno.

Perplejos quedaron sí, policías y juez, cuando se dieron cuenta que el occiso portaba dos raros relojes de similares características sin mecanismo para ajustar la hora, además dos bolígrafos metálicos similares, sendos llaveros con tres llaves cada uno, en ambos llaveros llaves iguales, también iguales dos billeteras de cuero negro con documentos repetidos, la única diferencia era que en una habían 13.000 pesos y en la otra 13.500 solo una diferencia de $ 500, el mismo valor de una gaseosa que compro el juez a un vendedor que allí se encontraba….

Al juez los detalles que más le intrigaban eran que el muerto llevaba puesta una corbata azul y otra similar en un bolsillo de su abrigo, también una botella plástica de jugo de naranja mezclado con leche chocolatada y una caja de leche chocolatada mezclada con jugo de naranja.

Después de los trámites de rigor el juez miró la hora en su reloj pulsera: las 10:00 AM y se acordó de aquellos relojes que tanto le llamaron la atención por no tener mecanismo para atrasarlos o adelantarlos. Los volvió a mirar detenidamente y se dio cuenta de que estaban detenidos y ambos marcando en ese momento, exactamente las 9:00 AM, la hora del fatal evento, de la mañana de ese día lluvioso después de una fuerte colisión entre una “micro amarilla” y un pesado camión en una calle pavimentada con resbaladizos adoquines de piedra, en un barrio de Santiago.

18) Esperando tren en la estación de Mostazal

Vicente Herrera Márquez


Un bolso de viaje y mi valija pequeña me acompañan en el andén, en el andén de hormigón intacto de la vieja estación de Mostazal, construida con adobes de siglos pasados, reconstruida, cada vez, después de varios sismos y hoy mostrando sus muros heridos y pilares abatidos por el último terremoto del 27 de febrero. Se notan sus años y se siente la historia que escapa por las grietas que dejó el cataclismo y por las heridas de los maderos gastados y resquebrajados, que se asoman por la vestidura rota de pinturas periódicas que muestran e indican ciclos de vida. Estación anidada en un valle vegetal, que conoce de la historia de familias hacendadas y pudientes y familias que dieron y dan la sangre por la tierra, en un lugar donde se unen cordilleras, donde se oye el rumor de ríos que bajan presurosos de Los Andes buscando la bravura del Pacífico, donde bandadas de peucos circundan la cima del Challay. Estación de las pocas que conserva esqueleto y vestidura de otros siglos y recuerda con nostalgia la sirena de las locomotoras a vapor y los trenes de madera.
Es un valle verde de caseríos y villas dispersas: La Punta, Los Marcos, Angostura, matizado de frutales y vides que hoy cubren las que fueron grandes extensiones dedicadas al cultivo de la mostaza, según lo he leído en su historia.
San Francisco de Mostazal es un pueblo donde el tiempo corre más lento y el viento no tiene premura, donde hay tiempo para almorzar y también para conversar y tan solo a sesenta kilómetros de la gran ciudad, a cuarenta y cinco minutos de Santiago, a un tranco de la vorágine capitalina…y hoy con una atracción nueva, algo que atrae al capitalino, algo que incita el ansia de ganar y el deseo de tener: Un moderno y gran casino donde se juega el destino en la ruleta del bolsillo.
Me gusta el pueblo, en el poco tiempo que llevo en él desde que el destino me trajo hasta aquí, me he acostumbrado a sus costumbres, me he mimetizado en sus matices, me he apachorrado con su pachorra, he pretendido entrar en su historia, me he enredado en algunos pares de ojos y no me explico porqué me encuentro en la estación buscando otro camino.

Me queda poco tiempo, veinte minutos, para decidir qué rumbo tomar, el norte o el sur, pues la vía tiene solo esas dos direcciones, y se mueve cada media hora en una de ellas. Se aleja o se acerca dependiendo del destino u origen de cada pasajero. Chile es así: solo tiene norte y sur. Tengo minutos para jugarme el rumbo en la ruleta de la vida.

Miro el reloj, me quedan diecinueve minutos, estoy decidiendo si vuelvo o si voy. Si voy es el norte, si vuelvo es el sur.
Hacia el austro es la cuna, el regazo ya ido, una reprimenda señera, caricias de padres y del viento del sur, un libro de ilusiones, esperanzas puestas en mi, travesuras de niño inquieto, primeros sueños oníricos de joven imberbe y ansias de caminos en los pies, con sed de paisajes en los ojos y deseo de pequeñas pero hermosas vivencias…
El norte siempre es la incógnita, es la aventura, es la travesía de Ulises, es la tentación. Es querer abarcar con la mirada y las manos el paisaje que se presenta cual mesa servida. Es el derrotero oscuro en el que solo vemos la luz del final del sendero, derrotero que emprendemos sin saber si esa luz estará cuando la meta alcancemos… desesperados buscando grandezas.
Los minutos pasan y pasan raudos...

Faltan dieciséis minutos…
El camino para llegar hasta aquí en distancia fue corto, pero con muchas estaciones. En vida fue un largo cauce a veces torrentoso, algunas apacibles, con remansos de placer, otros de dolor y muchos de tristeza, pero viví, quizás no a al máximo o a concho como decimos en Chile, pero siento que viví y quiero seguir viviendo y aunque muera, quiero seguir viviendo.

Quince minutos…
Mientras decido el sentido cardinal del viaje, distraídamente me pongo a mirar la vieja y herida estación, observo sus ventanas y puertas de maderas nobles, los pilares de madera pintada que a duras penas sostienen el techo y el alero que cubría la añosa galería y hoy nos recuerdan la violencia sísmica. Se nota que todo es antiguo, por lo menos es más viejo que yo, Contrasta con todo ello la boletería que expende boletos con una máquina moderna en un recinto provisorio y el andén que resistió el terremoto, concebido con ideas, materiales y faroles de hoy…

Catorce minutos…
¿Cómo llegué a este pueblo y a esta estación?
No lo se. Quizás el destino, una casualidad, las circunstancias.
Esto último es lo más probable, pues siempre he creído que todo es resultado de circunstancias y por ende yo también soy el producto final de circunstancias.
Son estas la que van tejiendo lo que llamamos destino y van marcando el camino que vamos siguiendo.
¿Cuáles serán las circunstancias que me trajeron aquí?

Trece minutos…
Descubro en una pared cerca de la puerta principal, aún en pie, una placa de bronce, bronce oscuro y sucio de tiempo, con una leyenda que me dice que realmente la estación tiene más años que yo.
Allí dice que fue fundada en 1860 y hoy es 2010, soy del siglo pasado pero la estación es del siglo antepasado. Yo no tengo tantos años, pero ella aunque vieja y maltratada se ve más viva e inquieta que yo, pues ya se está reconstruyendo.

Doce minutos…
¿Qué rumbo tomar? ¿Volver a un pasado perdido o buscar un incierto mañana? Aunque también pienso que podría salir de allí y quedarme en el hoy sin ayer ni mañana y solo vegetar sin crear raíces ni lazos que arraiguen y amarren. Pero más creo que quiero seguir gozando mi libertad, libertad de elegir el camino y libertad de no saber elegir,

Once minutos…
Sin darme cuenta he sacado del bolso de viaje donde llevo mi archivo de vida, mis libros, mis pobrezas , mis riquezas, mi casa y el pan para el camino, la cámara digital moderna para sacar fotos en sepia a la vieja estación.
Se acerca el guardia y al ver mi interés por la placa de bronce comienza a contarme de la vieja estación, de su historia, de su tiempo y pasajeros de antaño y de hoy, de lo poco que se preocupan las autoridades para conservar aquella reliquia y del poco interés de la empresa de ferrocarriles por restaurar aquellos muros y techos que guardan despedidas, encuentros y lluvias de ayer.

Diez minutos…
¿Cuántos años han pasado de mi primer viaje en tren, allá lejos en el sur, allá lejos en el tiempo?
Muchos han pasado, han pasado juegos y juguetes, han pasado estudios y diplomas, han pasado partidos de fútbol y asados, han pasado contratos y despidos, han pasado estaciones tristes y alegres, han pasado mujeres buenas, han pasado amores, han pasado tantas vivencias que me olvido que han pasado. ¿Qué queda del camino? ¿Queda algo? ¿Cuánto queda? ¿Quién queda?

Nueve minutos…
Llega gente a la estación, hombres, mujeres y niños que saben donde van. Que tienen marcado el rumbo, pues van decididos y directo a la boletería a comprar su pasaje al norte o al sur y no se detienen a pensar que rumbo tomar. No se si los envidio, pues pienso que no son libres, van directo a un punto cardinal y no se detienen, creo que están condicionados y son parte de una máquina ¿O serán parte del tren?

Ocho minutos…
Siete minutos le queda a mi libertad de elegir, siete minutos que ocuparé en tomar la decisión correcta, planificar un derrotero, comprar un paquete de galletas dulces y una gaseosa sin azúcar,
Diez minutos para tomar más fotografías a los años de la estación, al guardia, a la caseta de maniobras, a la señora de edad indefinible que vende los boletos y a esa muchacha de pelo largo y oscuro, con lentes para sol, jeans ajustados, una mochila al hombro y una sonrisa regalada cuando se da cuenta que la estoy guardando en mi cámara con todos sus pixeles.

Siete minutos…
Pienso que hubo tiempos de otras sonrisas y otras mochilas en otras estaciones que detuvieron, acompañaron y prolongaron mi viaje y más de alguna también alteró el rumbo.
Es probable que una de esas sonrisas me haya traído hasta esta añosa estación.
Parece que la que ahora está en el objetivo de la cámara, por la forma que observa ambas vías del ferrocarril y escudriña su reloj es libre y tiene el mismo dilema que yo: el norte o el sur

Seis minutos …
La estación es pequeña, pocos pasajeros en ambos sentidos y pocos pasajeros son los que bajan en ella, no es un pueblo grande, es un pueblo agrícola del centro de Chile. Esta el viejo edificio, la caseta de maniobras que semeja una pequeña torre de control, andenes remozados y el cruce de anden se hace atravesando las mismas vías en dos lugares habilitados para ello y donde hay que tener el cuidado de atravesar mirando ambos lados y de acuerdo a las instrucciones del guardia de andén

Cinco minutos…
Mi equipaje: una pequeña maleta de esas con pequeñas ruedas para jalarla mas liviana en la que llevo la ropa justa y necesaria para cualquier viaje y un bolso colgado en bandolera en el cual llevo la historia de mi vida encerrada en la memoria del Notebook, además van borradores en papel y alguna libreta de notas

Cuatro minutos…
La muchacha de la mochila me mira insistente.
La miro y trato de adivinar si ira al norte o al sur. Me pregunto si estarán pasando por su mente las mismas decisiones e indecisiones que pululan en la mía. Tambien me pregunto si estará en una etapa de su viaje o será éste su principio. Pienso que soy capaz de embarcarme en su rumbo.

Tres minutos…
Y estoy aquí, con mil vivencias a cuesta, queriendo partir, sin saber dónde ir, mirando y admirando esa tentación del camino, aún no he comprado mi boleto, decido que lo tomaré arriba del tren para darle aún más tiempo al tiempo de elegir.
Nos estamos mirando de forma directa como preguntando mutuamente cual es el rumbo de cada cual. Ella corre y cambia de andén

Dos minutos…
¿Y si me quedo? No lo había pensado bien, también es alternativa, el pueblo no es feo, es tranquilo, sin el bullicio de la ciudad, sin el apremio del reloj, menos gastos, si hasta un funeral debe ser mas barato. Pienso que aunque algunas personas estarían felices que me fuera, también pienso que a muchas otras les gustaría que me quedara viviendo y escribiendo en este pueblo.
La verdad que también, a esta altura del tiempo y de la vida, es alternativa válida…
En este largo minuto debo considerarlo…

Último minuto…
¿Me voy o me quedo?
Ya se ven dos trenes, uno que viene y el otro que va.
¿Me quedo?
Pienso que ya no es tiempo de aventura.
¿Me voy?
Pienso que aún quedan aventuras por vivir.
¿Al norte o al sur?
¡Qué dilema!
¿Dónde está ella? ¡Allí está en el otro andén!
¿Me cambio de andén?
¿A la realidad vivida o al futuro incierto?
Ya se acercan los trenes
¿Qué hago?
¿Me quedo?
¿Al norte o al sur?
Rechinan los frenos
¡Sí, me cambio de andén!
Aquí están los trenes.
¿Me voy o me quedo?
Rechiiiiiiinan los frenos...
El grito del guardia:
¡¡¡¡Cuidado señor, no cruce las víaaaaaaaaaas………….

domingo, diciembre 02, 2007

17) Beso de un metro

Vicente Herrera Márquez

¿Realidad o fantasía? Solo historias urbanas que se tocan.
Allá en un extremo de la ciudad, cerca de la estación San Pablo del Metro, dos mujeres cartoneras, de aquellas que recogen cartones y papeles para poder darle un poco de sabor a su pobre olla, sacan cuentas con todo lo que recogieron esa madrugada, era una buena cantidad, lo que tal vez les permitiría darse algún pequeño lujo ese día, y podrían hacer una cazuela de alitas de pollo, alas para alimentarse y alas para volar en fantasías como lo hacían en ese momento…
Metro Tobalaba, con rumbo centro sube un hombre que bajó de un tren de la línea 4, la que viene desde Puente Alto.
El tren va repleto, son las nueve de la mañana de un día cualquiera, de una semana cualquiera, el mes puede ser Marzo, Junio o Noviembre y el año el actual, 2007, año del Transantiago.-
¿Sabe que me gustaría encontrar en ese tambor grande lleno de basura y cartones?- Dice una de las cartoneras.-
-¿Que le gustaría encontrar comadre?-
-Un príncipe encantado con cara se sapo y cuerpo deformado.-
-¡Chiss! ¿Y para que quiere un príncipe así? ¿De que le va a servir?-
-Pero siempre he pensado que si lo llegara a encontrar yo le daría un beso enorme y se trasformaría en un joven apuesto, elegante, con mucha plata, un auto enorme y un palacio encantado.-
-¡Chisss! Lo que quería la perla, no se lo vaya a encontrar nomás poh.-
El metro avanzaba raudo con su cargamento humano para satisfacer las necesidades de manos, ojos y cerebros de las oficinas y negocios del centro de la capital.
El hombre de unos cuarenta años que llegó por la línea 4 y había subido en la estación Tobalaba, en ese momento se encontraba como la parte central de un sándwich, entre una señora obesa de cincuenta por su frente y una joven esbelta de veinte por detrás. La señora obesa parecía que había comido una empanada o algo parecido en el desayuno (se sentía en su aliento) pero si él giraba su cabeza olía un exquisito Carolina que exudaba la joven de atrás.
Este panorama era casi el mismo de todos los días, solo que en otras ocasiones le tocaba ser la parte exterior del sándwich y muchas veces el emparedado podía ser se solo hombres o también aliado, muchas veces de queso, otras de mortadela, muchas solo margarina y algunas de jamón planchado y también gordas y vienesas, pero siempre con distintos aromas, muchas veces aromas exquisitos como el de la joven que hoy era la parte posterior del emparedado.
El hombre prefirió oler el Carolina y a duras penas se giró causando la incomodidad de la señora obesa. La joven que tan bien olía, era hermosa y casi tan alta como el. Sus caras quedaron a muy pocos centímetros y cada uno miraba en forma perdida el techo y la propaganda del vagón evitando el cruce de miradas.
De reojo el miraba y admiraba aquel rostro hermoso de labios prominentes y rojo tentador, de ojos picarones y mirada cautivadora.
-Sabe comadre que siempre he tenido ese sueño de encontrar en un tarro de basura a mi príncipe azul y que lo encontraría moribundo y al darle un beso lo reanimaría y su beso que seria apasionado, como solo saben besar los príncipes, me transformaría en la mujer más hermosa y elegante del mundo.-
-¿Y como sabe usted como besan los príncipes?-
-Por que lo vi en una película en la tele, hace mucho tiempo cuando era niña y esa escena quedó grabada en mi mente y desde ahí que tengo este sueño.-
-¡Ya, deje de soñar ooh! y sigamos trabajando más mejor.-
-Pero no dejo de pensar y algo me dice que eso, algún día va a ser realidad y no se por que presiento que hoy será ese día.-
Imposible estando tan cerca y con el movimiento del tren y de la masa humana no encontrase con la mirada y justo se cruzaron las miradas, pero rápidamente se desviaron como siempre pasa en esos casos.
El tren avanzaba, ya estaba en Pedro de Valdivia, y la señora obesa cargaba por detrás y realmente cargaba, y él hacía esfuerzos para no apretar a Carolina ( Carolina por el perfume) para que ella no buscara alejarse, aunque al parecer la cercanía no le incomodaba.
Nuevamente sus miradas se cruzaron y ya no fue tan rápido el desvío, la mantuvieron hasta Manuel Montt.
Mientras, el tren se detenía y al bajar algunos pasajeros quedaron un poco más holgados, pero rápidamente subió el doble de los que bajaron y la cercanía se hizo más notoria, pero ya a esta altura parece que buscaban ambos el roce.
-A propósito de príncipe ¿Que es de su media naranja?-
-¿Del Lucho? No, ese ya no es mi media naranja, sabe que me quiero separar de él, ya no es el mismo de antes, parece que tiene otra mina, ya poco me infla, incluso hasta se ha puesto atrevido y yo no pienso seguir aguantándolo, así que se va él o me voy yo, total hijos no tenemos. Bueno y usted comadre ¿Que me cuenta de su pierna?-
-Ahí esta el José, lleno de achaques y lo único que piensa es en achuntarle al Kino para no recoger más cartones por las noches y comprarse una casita y una camioneta para seguir comprando y vendiendo cartones.-
-Puchas que es triste nuestra vida comadre, siempre cartones, mas cartones y puros cartones, por eso sueño con mi príncipe azul.-
En estación Salvador la distancia de los labios estaba a una simple frenada del tren y el contacto era eminente, el deseaba esa frenada y es posible que ella también.
Ella de repente miraba de reojo hacia su costado derecho, parece que el hombre corpulento que iba a su lado también rozaba su geografía y vaya uno a saber si también le gustaba o quería estampar una palmada en aquel rostro de gestos adustos y serios.
Ya no rehuían las miradas, al contrario se buscaban, sus alientos se mezclaban y con los ojos semientornados parecía que imaginaban un beso.
-Oiga comadre ¿Y que haría si se encontrara un mino así, como ese príncipe que sueña?-
-Lo agarraría a besos, lo abrazaría y dejaría que el hiciera lo que quisiera conmigo.-
-¡Pero tendría que darse una bañadita comadre! Ja ja ja, y cambiarse de ropa, por lo menos de falda y blusa, no va a besar a un príncipe con esa pinta pooh, y tambien cambiarse los calchunchos, por si acaso, ja, ja, ja, ja...-
-No me importa ¿Sabe algo? Yo creo en los cuentos de hadas y se que a él no le importaría como soy y como estoy vestida. Sabe comadrita que siempre he sido una soñadora y también creo en el viejito pascuero, y además pienso que a nadie le falta Dios y siempre he esperado un milagro.-
Quien decía todo aquello, realmente a pesar de su ropa andrajosa y su pelo enmarañado recogido con un cintillo, se notaba una mujer hermosa pero maltratada por el tiempo y las circunstancias de la vida. Sí, con una mirada diáfana y acogedora y manos, a pesar del trabajo, pequeñas y tiernas, quizás dignas de un príncipe. Hasta era posible que fuera una princesa embrujada a la espera del beso de un príncipe que la arrebatara del embrujo…-
En Baquedano el tren terminó por prácticamente rebalsar con el flujo enorme de la línea 5 que viene de La Florida y a pesar de que también baja una gran cantidad de pasajeros.
La masa humana que repletaba el tren tendía a compactarse y por lo tanto los cuerpos se contraían para dar más cabida en los carros y los latidos de los mismos se confundían, los rostros se acercaban, las miradas se fundían en una, y los labios tentaban y se desafiaban a besarse.
Las normas urbanas y la educación reprimen (¿Reprimen?) los deseos y las ansias contenidas de los miles y miles de pasajeros que transitan la gran ciudad y que repletan los carros del Metro, mucho más que antes que empezara a funcionar el llamado Transantiago, proyecto hecho al parecer para aumentar las utilidades del Metro, para causar problemas a los santiaguinos y para acercar cuerpos ansiosos de roces y labios ávidos de sabores tentadores y prohibidos.
-Ya comadre, es hora de que nos vamos para la casa, con lo que hemos recogido ya tenemos para la olla del día, mañana puede que sea mejor.-
-Pero usted comadre ya no va a encontrar hoy su príncipe azul…-
-No importa comadre, mañana o algún día lo encontraré, por ahora tendré que conformarme con el Lucho nomás, ese es nuestro destino ¿No le parece?-
En Universidad Católica la distancia de los labios solo era de un suspiro y el suspiro se dio y los labios se acercaron, se rozaron, se rozaron, se sintieron y se fundieron en un beso apasionado e interminable como la suma de los besos dados por todos los grandes amantes de la historia y todos los amantes furtivos de la gran ciudad.
-Pero yo se comadre, que la vida me tiene reservada una sorpresa, yo la he soñado, y los sueños existen, y el romance existe, y el amor existe, y el destino existe, y también mi príncipe soñado existe.-
-¡Ya hoo! deje de soñar y vámonos pa la casa más mejor, que mis cabros tienen que ir al colegio y tengo que darles desayuno, vamos a vender los cartones.-
-Ya comadre, vamos, pero déjeme soñar, le aseguro que mañana puede ser, y le recomiendo comadrita que también trate de soñar, así la vida se hace mas llevadera y quien dice que de repente todo, todo puede ser….-
Al beso siguió otro beso, ella no se rehusó, al contrario parece que el hombre besaba como príncipe de cuentos y tenía su encanto, pero tenía que bajarse en Santa Lucía, él se bajaba en La Moneda.
Costó separar los labios, pero el reloj insensible, marcaba la hora de entrar a la oficina y la hizo desistir de seguir en el beso y rápidamente bajó y quedó mirando la puerta abierta del carro como esperando, él también quiso bajar pero el trabajo lo llamaba y se dijo para si que su forma de besar era única, puesto que había conquistado a aquella mujer por la forma en que lo miraba desde el anden, al parecer deseando que bajara.
Empujando sus carros a medio cargar con cartones, pero repletos de esperanzas, aquellas mujeres emprendieron el camino de retorno a sus modestas moradas construidas con madera de deshechos y cartones, apretadas en la estrechez de un sitio abandonado.
Tenían que pasar antes a vender la recolección de esa madrugada.
Una iría a dar el desayuno a sus hijos para que vayan al colegio, y la otra a ver a su Lucho y a seguir soñando…
Cuando trató de bajar en La Moneda no pudo, un hombre alto y atlético le impidió el paso y lo retuvo tomándolo fuertemente de un brazo y diciéndole:
-¿Así que te gusta besar ah? ¿Por que no me das un beso a mí conch…de tu ma…? A mi también me gusta besar.-
-Sí, pero tu no tienes los labios, ni el cuerpo, ni el perfume de la mujer que bajó en Santa Lucía.-
-No, yo no los tengo, pero conozco muy bien esos labios y esos besos, pues son los de mi novia y nadie más que yo puede besarlos.-
-¿Y como yo los besé, aah?- Dijo el hombre en un acto de valentía ante aquel gigantón.
-¿Así que chorito ah? Ya vas a ver como me como yo a los choros y ya le pediré explicaciones a ella también, por el momento mi problema eres tú y vamos a arreglar cuentas.-
- Ah sí, aah ¿Y que vas a hacer?-
-Ya veremos, por el momento el viaje continúa.-
Y pasaron las estaciones, Los Héroes, Estación Central, Las Rejas y otras, por más que trató de bajar en alguna, aquel gigantón no se lo permitió.
Cuando llegaron a San Pablo, la estación terminal, lo tomó de un brazo y lo arrastró fuera de ella, hasta un sitio eriazo al lado de una fábrica y allí sin contemplaciones ni misericordia comenzó a pegarle con saña y rabia al besador del Metro, y le pegó y le pegó, los labios del besador ya no eran labios para besar y los ojos del conquistador ya no eran ojos para conquistar y siguió recibiendo combos, más combos y patadas.
Cuando el gigantón se cansó de pegarle, lo tomó como un trasto viejo y lo arrojó en un tambor negro de basura que acababan de sacar de la fábrica vecina y lo tapó con cartones y papeles….
El gigante atlético volvió a la estación y subió al primer tren de regreso hacia el centro de la ciudad a pedir explicaciones a su novia de fácil besar.
Las mujeres que empujaban el carro de cartones y sueños regresaban a sus casas.
-¡Mire! ¡Mire! Mire comadre ese tambor enorme lleno de cartones, con eso hacemos el día y llenamos el carro.-
-La suerte nos acompaña ¿como es que nadie lo vio antes y aún a esta hora esta lleno de cartones?-
-Puede ser que recién lo hayan sacado, bueno como sea, ahora es todo nuestro.-
-Apurémonos comadrita antes que alguien se nos adelante y nos gane los cartones, corra usted, que algo me esta pasando y siento que el corazón me late con más fuerzas que nunca, presiento que en ese tambor encontraré a mi príncipe soñado y en esos cartones esta mi destino…-
-¡Ja, ja, ja, ja¡ ¡Puchas que es soñadora usted comadre! ¿Usted cree?-
-¡Sí, sí, sí! ¡Sí creo comadre, es más, estoy segura!-
-Ojalá que se le cumplan sus deseos comadrita,…veamos si ese príncipe con cara de sapo y cuerpo deformado esta en ese tambor...

© Derechos Reservados - Vicente Herrera Márquez - Nº 166350 - Chile

domingo, diciembre 17, 2006

16) Romilio y Julieta en la revisión técnica

Vicente Herrera Márquez

Lloviznaba en Santiago.

En una esquina del centro alguien trataba de detener un taxi. Los que pasaban no accedían a su llamado.
Después de largo rato de espera al fin se detuvo uno, un auto grande y elegante, de marca reconocida. Se subió y observó que el interior era o había sido de lujo, con revestimientos de o imitación madera y tapiz de felpa de un color azul oscuro un poco sucio.
Le indicó al conductor cual era la dirección a la que se dirigía y éste le preguntó por que ruta le convenía más, puesto que era una larga carrera. El pasajero se sorprendió por la pregunta, no por el contenido de ella, sino por que la voz que la formuló era una agradable voz de mujer, se inclinó hacia adelante en el espacioso automóvil y observó que quien conducía era una rubia, al parecer espectacular, por lo que podía ver y deducir.
-¡OH que sorpresa! Una mujer, perdone no me había dado cuenta, buenas noches-
-Buenas noches señor, ¿Por qué calle me dijo que nos convenía ir, para hacer mas rápido el recorrido? -
-No se lo he dicho pero nos conviene ir por...- y le explicó detenidamente el recorrido, con voz de FM. Había aflorado el macho conquistador aleccionado por aquélla voz femenina y por los pícaros grados etílicos que había consumido en la comida en que estaba, razón por la cual es que no andaba conduciendo.Por el pequeño espejo retrovisor, con la poca luz del interior, podía observar algo de las facciones de aquella mujer, se notaba de líneas finas y marcadas, cabellera rubia recogida en un moño semicubierta por un jockey, una tez más bien blanca, nariz respingada y ojos... ojos grandes y vivaces.
El buscaba forma de entablar conversación y nada mejor que comenzar por alabar aquel modelo, siendo él además entusiasta admirador de los automóviles, puesto que su profesión era Ingeniero Mecánico y se desempeñaba como jefe de una planta oficial autorizada de revisión técnica de automóviles. Le preguntó por la marca, el modelo y el año del vehículo, él lo sabía, pero tenía que lograr que la rubia se interesara en su conversación.
Ella al notar el interés de su pasajero, y también con ganas de conversar, luego que por su espejo, a su vez, había echo una inspección de él, respondió con lujo de detalles a las consultas del ingeniero.
El, por su trabajo, conocedor de las leyes de transito, preguntó como estaba mecánicamente y si aún le otorgaban patente para taxi por el año de fabricación y además le consultó por la revisión técnica. Todo esto sin dar a conocer cual era su profesión y su trabajo.
La respuesta fue que el esposo de ella, funcionario importante de una municipalidad, fallecido hacía ya un par de años atrás, le había heredado este auto al que había transformado en taxi para poder tener otra entrada económica y así poder llevar el pasar a que estaba acostumbrada, complementando la escasa pensión que le otorgaba el sistema de pensiones. Ella también le explicó que por ley podía usar ese auto durante un año más como taxi, pero que en ese momento tenía problemas con la revisión técnica, la cual le fue rechazada justo el día anterior, por lo que temía que no le iban a renovar la patente de taxi y se vería obligada a vender aquella joyita. Además le comentó que trataba de mantener lo mejor posible el automóvil, que se cuidaba de no manejar por lugares muy alejados y que además seleccionaba a sus pasajeros, no llevaba a cualquier persona que la hiciera detenerse, siempre aminoraba la marcha y tras una rápida pero exhaustiva inspección volvía a acelerar o se detenía. Ante esta explicación él se sintió halagado, había sido aprobado para abordar aquel automóvil.
La conversación se hizo fluida como si fueran antiguos conocidos y así llegaron al destino. Después de pagar gustoso la tarifa correspondiente él le comentó que conocía un taller donde podían ver cuales eran las fallas que tenía el auto y que él mismo entendía bastante de mecánica y le dijo, con un tono de picardía, que también le gustaría revisar esa, para él, joyita… mecánica.
Ella lo miró también con picardía y haciendo un coqueto gesto le preguntó como lo podían hacer.El le explico como y se pusieron de acuerdo para encontrarse al día siguiente, que era sábado, para ver que se podía hacer por el auto y por la viuda. Esto último solo lo pensó.
Temprano, por la mañana, se encontraron en el estacionamiento del supermercado, que habían acordado la noche anterior. El llegó primero, en su flamante camioneta 4x4, vestido deportivamente y tirando pinta como día sábado y como lo pedía la ocasión, con jeans, camisa y lentes para sol de marcas reconocidas.

A los diez minutos de haber llegado entro en el estacionamiento el elegante, hermoso y con bastantes años futuro clásico de la industria mecánica. Se estacionó como a treinta metros de donde estaba la 4x4 y de él bajo su dueña. Este sí era un clásico de unos bien cuidados cuarenta...,una despampanante mujer, alta, de contornos bien marcados, dentro de los cánones tradicionales del mas o menos noventa y algo, sesenta y tanto y noventa y un poco más; tez blanca y pelo rubio largo y suelto, rubia chilena, de esas que bajo el rubio esconden un color oscuro, quizás tan o mas bello que el dorado que lucen por moda o por parecerse a ... Bueno, de lo que si se dio cuenta es que ese auto tenía que pasar la revisión técnica de todas maneras, fuera como fuera, pesara a quien pesara y costara lo que costara.
Visualmente mientras se acercaban, por defecto de profesión y trabajo, él siguió haciendo la revisión técnica de ambos modelos, más de aquel que se contoneaba coquetamente caminado a su encuentro y que al parecer no necesitaba reparación alguna, solo requería salir a probarlo.
Ella a su vez, sin ser ingeniero mecánico, sino que una simple taxista de unos cuarenta... y viuda hace dos años, también hacia una inspección ocular y a juzgar por su sonrisa esta inspección superaba las expectativas. Se dio cuenta que aquel solícito entendido en mecánica que había sido su pasajero la noche anterior podría ser algo mas que su pasajero en cualquier noche venidera. Lo encontró buen mozo, estatura acorde con la suya, talla 48, buena pinta y zapatos número… 43, por lo menos. Era exigente la viuda.
- ¡Hola! ¿Cómo estas?, ahora veo lo lindo que es tu auto. Pero tú si que eres hermosa, traté de imaginarte, pero la realidad supera ampliamente la imaginación. -
- ¡Ay gracias!, que amable, tu camioneta también esta muy bonita. -
Se dirigieron al auto y él le pidió abriera el capot, para ver el motor, un gran motor y relativamente simple en comparación a los últimos modelos, de muy fácil acceso a todas las partes vitales, fácil de verlas y de tocarlas. En su pensamiento destacó esto último: “Fácil de verlas y de tocarlas”.
Mientras hacía esto no podía dejar de pensar en la dueña de aquella máquina. Le pidió que lo pusiera en marcha para oír el sonido del motor.
- ¿Cómo encuentras mi auto? - preguntó ella
- Realmente… te encuentro excelente - rápidamente, respondió él.
- Por el auto pregunto yo – dijo ella, esbozando una amplia y coqueta sonrisa.
- Ah, perdón, perdón, no se en que estaba pensando. Encuentro que el motor “suena” muy bien. Pero es mejor que lo digan los instrumentos, vamos al taller de mi amigo.-
-¿Cómo lo hacemos? – inquirió ella.
- Fácil – respondió él – tú sígueme, yo soy tu guía.
- Te sigo, pero, ¿no será peligroso seguirte?- sonriendo, como jugando, preguntó ella.
- Pierde cuidado, te prometo que conmigo no hay peligro, a menos que a ti te guste el peligro... – dijo él.
- Ya... vamos… te sigo -
En veinte minutos estuvieron en el taller del amigo, el cual ya estaba sobre aviso, pues temprano lo había llamado para comentarle el viaje en taxi de la noche anterior cuando se retiró de la comida de aniversario de la empresa donde trabajaba, y su intención de ayudar a la rubia conductora para que pasara sin contratiempos la revisión y sin dejar de mencionarle las características del automóvil y también las de su dueña.

Roberto, el amigo dueño del taller, al igual que él, cincuentón y gozador de la vida, ambos con experiencias matrimoniales y separados, amigos desde los tiempos del liceo y compinches de correrías y aventuras, entendió sin muchas explicaciones lo que su amigo quería resolver aquel radiante sábado de octubre y le manifestó que no se preocupara, que fuera por la mañana y que él en ningún momento demostraría que ya se habían puesto de acuerdo, igual como lo habían hecho dos meses atrás, en una situación parecida.
Roberto, llamó dos ayudantes e inmediatamente se pusieron a revisar el automóvil y su funcionamiento.
Mientras los mecánicos hacían la revisión, él y ella sentados en la amplia y moderna 4x4 hicieron las presentaciones que sin quererlo se habían ido postergando.
- Mi nombre es Julieta- dijo ella e inmediatamente preguntó:
- ¿Y el tuyo cual es? -
- ¡Romeo!- prestamente contestó él, mirándola serio y fijo a los ojos.
- ¿Romeo? ¿O sea Romeo y Julieta? No, no te creo, estás bromeando.-
- Es cierto, estoy bromeando, la verdad es que mi nombre no me gusta y por eso trato de no decirlo.-
-Igual quiero saberlo, dímelo por favor -
- Ro-mi-lio-
- Entonces digamos ¿Romilio y Julieta? - preguntó ella mostrando una hermosa y amplia sonrisa.
- Me parece bien, podrían ser los nombres de otra pareja romántica de la historia…-
Roberto interrumpió aquel relajado momento y les dijo que tendrían que dejarle el vehículo por unas horas para ponerlo, según él, “Tiqui-taca” para la revisión. Que de todas formas el taller estaba abierto hasta las ocho de la tarde para que lo fueran a retirar. Seguramente consideraba que ese tiempo era suficiente para él reparar el auto y conociendo a su amigo pensaba que también era más que suficiente para un aperitivo, almuerzo y…bajativo.
- Bueno compadre, si usted lo dice, así será- dijo Romilio e inmediatamente agregó:
- Pero me imagino va ha quedar listo para la revisión, o sea como usted dice: “Tiqui taca”.
- “Tiqui-taca” compadre, se lo aseguro- respondió Roberto.
- ¿Y que voy ha hacer yo hasta esa hora? –preguntó inquieta Julieta.
- Usted se va conmigo a almorzar a un lugar muy acogedor que queda cerca de aquí –
- ¿Me estas invitando Romilio? –
- Por supuesto Julieta te estoy invitando. ¿Aceptas? –
- Mmmmm… bueno ya, acepto –
Roberto escuchaba aquel dialogo y pensaba para sus adentros en la facilidad que tenía su amigo para conquistar y convencer mujeres, se dio vuelta y se alejó pensando: ¡Romilio y Julieta, buena pareja!
La 4x4 al parecer conocía el camino de memoria, en quince minutos ya se estaba estacionando en un tranquilo lugar donde los olores invitaban a degustar algún delicioso plato de comida chilena. Entraron al local, había pocos clientes, así que lograron ubicarse en un sombreado lugar con vista a un hermoso parque.

- Hermoso este lugar, no sabía de él, me gustó- dijo Julieta
- Más te va a gustar cuando pruebes lo que aquí preparan y te aseguro que a más de algún turista vas a traer hasta acá cuando te pregunten por algún lugar donde degustar la auténtica comida chilena.-
Mientras que Julieta fue al baño, Romilio llamó a Roberto para preguntarle por el auto y este le afirmó que no se preocupara diciéndole:
-Todo va a salir muy bien, a pedir de revisión.- y agregó - Alguna vez le he fallado compadre –
- No compadre, pero le digo que en ésta, quiero quedar como rey, y a propósito, le quiero pedir otro favor-
- Diga compadre lo escucho –
- Por favor llame a ese lugar que tan bien conocemos y me hace una reserva para un par de horas más –
- OK, sus deseos son órdenes compadre, Usted sabe, hoy por ti mañana por mi-
- Gracias Roberto, tengo que cortar aquí viene ella, nos vemos en la tarde, bien tarde.-
Guardó el celular, volvía Julieta y no quería que lo viera hablando, para no despertar susceptibilidades.
- Julieta, Julieta -
- Dime Romeo, digo… Romilio, soy toda oídos –
- De aperitivo ¿qué quieres tomar?-
- Algo con poco alcohol, el alcohol me desinhibe, y después puedo arrepentirme de lo que diga o haga.-
- ¿Y cual es el problema?- Preguntó Romilio,
-A mi me pasa exactamente lo mismo, pierdo mi timidez.-
- ¿Tímido tú?, pues no lo parece.-
- Bueno, entonces margarita suave para ti y martíni seco para mi.-
Romilio llamó al mozo para ordenar el aperitivo. Cuando éste los trajo preguntó si habían ya elegido de la carta lo que iban a pedir de comer, ambos se miraron y sin haberlo conversado casi al unísono dijeron:
- Parrillada -
- ¿Con interiores o sin interiores? - Preguntó el mozo.
- Con interiores – nuevamente, el mismo tiempo, respondieron ambos
- Con harta ubre – agregó Romilio
- ¿Ensalada, vino? Preguntó el mozo
- Ensalada surtida, con bastante pepino – dijo Julieta
- Y un tinto cabernet sauvignon de ese que tienen para los clientes – acotó Romilio.
Cuando el mozo se retiro, Julieta dijo sonriendo con picardía:
- Parece que te gusta la ubre... – a lo que Romilio, subiéndose al mismo carro respondió:
- Si mucho y a ti parece que te gusta el pepino... -
Haciéndose la desentendida, tomo su copa de margarita con poco alcohol y dijo:
- Salud Romilio, por una buena tarde -
- Salud Julieta, por una linda tarde, por que tu auto quede bien y por nosotros –El aperitivo ayudó a distender aún más la conversación, la parrillada estuvo en su punto de cocción preciso y la temperatura de la carne, los interiores y el vino en su grado optimo. Más o menos dos horas duró el almuerzo, tiempo que en realidad no sintieron como pasó. Conversaron de sus experiencias de vida. El habló de su ex mujer, de sus hijos, de su vida actual solo y también de su trabajo como jefe de una planta de revisión técnica, todo en forma sincera y como si lo estuviera contando a una amiga de toda la vida.
Ella a su vez y haciéndose eco de la sencillez y sinceridad de él, también contó de su niñez y adolescencia en el seno de una estricta familia en una ciudad del sur del país, de su vida de casada con un hombre al que quiso mucho con el cual nunca tuvieron hijos y que tras una larga enfermedad murió tempranamente.
Era las tres de tarde cuando el mozo estaba retirando de la mesa, la parrilla, en la que aún quedaba carne, pero nada de ubre y la ensaladera en la que aún quedaban tomates pero nada de pepinos.
- Llamemos a tu amigo para saber por el auto – dijo Julieta
- Bueno, pero no creo que aún este listo –Dicho esto Romilio llamó a Roberto y este le dijo que faltaba bastante, pero que durante la tarde quedaba listo.Ante esta situación Julieta preguntó:
- Y ahora ¿Qué hacemos? -
- ¿Vamos? - Preguntó Romilio, en tono romántico.
- ¿Dónde?... ¿Al cine?... ¿A vitrinear?... ¿Al parque?... – mirándolo como distraída, preguntó Julieta después de largos instantes.
Romilio la miró larga y fijamente a los ojos mientras tendía su mano derecha hasta encontrar y tomar la de ella que también se acercaba hacia el centro de la mesa y volvió a preguntar en voz baja:
- ¿Vamos Julieta?-
- ¡Vamos Romilio! – respondió ella con voz casi imperceptible, agregando a su respuesta un guiño que decía más que cualquier palabra.
Después de darle una buena propina al mozo, el cual no era la primera vez que atendía a Romilio y alguna ocasional pareja, los despidió en forma muy amable y agregando a ello un gesto con el dedo pulgar y un guiño muy elocuente dirigido a él, en un momento en que Julieta admiraba el parque de aquel lugar.
Subieron nuevamente a la 4x4 y ésta, conocedora de caminos, en menos de veinte minutos entraba por un sobrio y discreto portal y después de una también discreta seña siguió un camino bordeado de verde y tupido seto de ligustrinas, hasta detenerse en una acogedora cabaña.

- ¿Tu casa? - preguntó ella, haciéndose la inocente, cuando él le abrió la puerta de la cabaña para que entrara.
- La verdad es que no conozco este lugar, siempre lo veo cuando voy camino a mi casa de vuelta del trabajo y ahora me acordé, ¿Qué te parece? ¿Te gusta?-
- Sí, me gusta, me están gustando todos los lugares donde me estas llevando, pero te voy a decir que es primera vez que entro a un lugar de estos, y eso es cierto, te lo juro.-
- Yo también – Se apresuro a decir Romilio
- Júralo, igual que yo – dijo ella.
El se hizo el desentendido y llamó por el citófono pidiendo una botella de champaña bien helada. Cuando llegó el pedido sirvió las copas y dijo:
- Quiero brindar por ti y por este momento que espero sea el primero de muchos-
- Lo mismo digo yo, pero también agrego a ello, que me vaya bien con la revisión técnica de mi cacharrito – dijo Julieta llevándose la copa a la boca.
Al brindis con champaña siguió un brindis de labios que hacía rato se deseaban y solo esperaban el momento para unirse. A ese beso siguió otro y otro. Y entre besos, champaña y caricias, el deseo despojo ropas, venció ansiedades, unió cuerpos, conjugo pieles en toda la extensión de ellas, liberó tensiones por un lado y por otro un torrente reprimido e inmenso que no alcanzó a desbordarse en su totalidad.
Con la lasitud de los cuerpos después del momento vivido y agregándole a ello el aperitivo, el almuerzo, el vino y la champaña, el sueño venció a la pareja de amantes. Despertaron sobresaltados por el zumbido ronco del celular de Romilio, era Roberto el que llamaba para avisarles que ya era casi las ocho de la tarde y que estaba por cerrar el taller, para que fueran a retirar el auto, el cual estaba listo desde hacía bastante rato.
- Perdone compadre, no nos habíamos dado cuenta de la hora, estamos en el cine y la película esta muy, muy buena, vamos inmediatamente para allá – dijo Romilio
- ¿En que cine compadre? Preguntó Roberto en tono socarrón y colgó el teléfono.
Se miraron y se admiraron en su desnudez por largos minutos, después de un apasionado beso, una ducha rápida sin mojarse el pelo, se vistieron rápidamente y se retiraron de aquella acogedora cabaña en dirección al taller, camino que la camioneta, por supuesto, conocía muy bien.
Durante el corto trayecto, Romilio se animó a decir que el había notado en la ansiedad de Julieta deseos de más y por ello se disculpó de no haber podido haberla complacido en su totalidad, explicando que se debió quizás al vino, la champaña y a la lógica ansiedad del hombre de quedar bien ante la mujer en la primera vez. Ella le respondió que no se preocupara y que a su vez entendiera que ella hacía mucho más de dos años, tal como le había contado durante el almuerzo, que no tenía ninguna actividad de este tipo y que lo que había sucedido había sido de todas formas maravilloso y placentero.
- Ya habrá otra ocasión- concluyó Julieta con un beso en la mejilla y tocando alguna parte sensible de Romilio.
Cuando llegaron al taller Roberto los estaba esperando en la puerta del mismo, estaba solo, su personal ya se había retirado faltaba poco para las nueve.

- Perdona Roberto, viejo amigo, se nos paso la hora y no nos dimos cuenta - dijo Romilio.
- No se preocupen, me imagino que era muy buena la película - respondió Roberto dirigiéndose a Julieta.
- Si excelente, voy a tener que verla de nuevo para saber el final, en cuanto pueda lo voy a hacer - dijo Julieta mirando con complicidad a Romilio.
- ¿Como quedó el auto compadre? ¿”Tiqui-taca para la revisión? -
- “Tiqui-taca”, como se lo prometí compadre –
- Cuanto le debo por el trabajo y por las molestias – preguntó Julieta.
- No se preocupe, no es nada, es retribución a un servicio que le debía a Romilio, si el quiere cobrarle es problema de él, pero conociendo a mi amigo yo se que no lo va a hacer y menos a una mujer tan hermosa como Ud.
- Se lo agradezco, y perdone por haberlo hecho esperar –
Antes de separarse, cada uno en su vehículo, Romilio le indicó a Julieta la dirección de la planta donde él trabajaba, para que el lunes llevara el auto para su revisión. Le indicó sí, que él no la iba a ver, puesto que no atendía público y además en este tipo de cosas nada se puede hacer por amistad, todo esta regulado por ley y muy controlado por los organismos correspondientes al transporte y por otro lado existen reglamentos muy estrictos en cuanto al transporte de pasajeros. Después hablarían por teléfono para saber el resultado.
Ella le preguntó si estaba seguro que no iba a tener ningún problema. Ante esta inquietud él le aseguró su confianza técnica en el amigo y tenía plena certeza que su taxi el lunes tendría su correspondiente revisión autorizada para obtener el permiso de circulación.
Estaban solamente ellos dos frente al taller. Se despidieron con un beso y la promesa de volver a verse para conversar de revisiones, de la vida, de otras inquietudes y además dijo Julieta para ver la forma de retribuir aquel servicio de tanta importancia para ella.
- Y para ver el final de la película – se apresuró a decir Romilio

Día lunes, otro día de trabajo, otro día de ajetreo en las calles de Santiago, otro día de carreras de taxis compitiendo por ganar el pasajero, otro día de revisiones técnicas para Romilio, otro día de incertidumbre para Julieta, que lo que mas anhelaba era lograr pasar conforme la revisión para tener su permiso de circulación por un periodo más. En su pensamiento además estaba Romilio al cual veía como su salvación en aquel problema mecánico. Pero sobre todo estaba en su mente la tarde del sábado, la que aún siendo muy buena le dejó una sensación de apetencia y deseo de más, lo que le hacía pensar que aquello debería repetirse a la brevedad.
Lunes, ninguna llamada, ni en un sentido ni en el otro. Martes, miércoles, jueves, copias calcadas del lunes.
Romilio pensaba: claro consiguió lo que necesitaba, y hasta pensó que era posible que antes de ser pasajero de aquel taxi ella sabía quien era él y en que trabajaba y por ello no dudó en llevarlo y después de dejarse seducir, entregar algo a cambio y conseguir lo que quería: si te he visto no me acuerdo. Debiera haber tenido, por lo menos, la deferencia de avisar como le había ido con la revisión…
También Julieta a su vez pensaba: como todo hombre, vio una oportunidad, la trabajó, la conquistó y la aprovechó, incluso llegó a pensar que era muy posible que estuviera de acuerdo con Roberto, el amigo del taller mecánico, después: (coincidencia) si te he visto no me acuerdo. Podría haber llamado para saber si había pasado la revisión, aunque el debiera saberlo si es el jefe de allí, o sencillamente para saludar y saber como estaba…
Viernes, último día de la semana y último día de espera, a las cuatro de la tarde, Romilio se sentó frente a la pantalla de su computador y se puso a ver todas las revisiones aprobadas el día lunes, no encontró ni el nombre Julieta, ni la patente que había guardado en su propia memoria. Revisó el martes, nada encontró.Miércoles, jueves, absolutamente nada. En el primer informe del día viernes apareció por fin el nombre Julieta y el número de patente tan buscado y además con el timbre: APROBADO, pero también se dio cuenta de que se había presentado el día lunes y el miércoles y en ambas ocasiones había sido rechazada la revisión, por problemas de carburación y de frenos. Lo primero que se le pasó por la mente fue llamar a Julieta y preguntarle cual había sido el problema y cual la solución, ya que recién se había enterado revisando los datos en la pantalla.Justo en esos momentos sonó su celular, transmisión de pensamiento, era Julieta.
- Hola Romilio - una voz suave y sensual.
- Hola ¿Quién llama? – respondió y preguntó con su tono conquistador.
- Soy yo, Julieta -
- ¡Julieta! ¿Cómo estas, tantos días?-
- Bien ¿y tú?-
- Bien también, perdona pero no te había podido llamar, mucho trabajo y muchos problemas ¿cómo te fue con la revisión técnica? –
- Bien, excelente, ningún problema, hoy me renovaron el permiso de circulación así que estoy contenta y feliz -
- Que bueno me alegro por todo ello- contestó Romilio y no quiso preguntar por los problemas que tuvo para que le aprobaran la revisión técnica ya que tras esa felicidad y alegría presentía algo interesante.
- ¿Que tienes pensado hacer mañana por la noche?- preguntó Julieta con su tono de voz más sensual.
- Deja ver mi agenda… no hagas caso son bromas, la verdad que nada ¿Porqué?- inquirió Romilio.
- Te invito a comer a mi casa, algo sencillo pero que lo prepararé con mucho cariño-
- Ante una invitación de ese tipo, quien podría negarse, acepto, yo llevo el vino ¿ya?-
- De acuerdo, te espero a las nueve –Dicho esto Julieta le dio la dirección y las señas de cómo llegar hasta su casa ubicada en un condominio casi al final de una avenida que sube por un barrio precordillerano de Santiago.
Después de finalizar esta conversación Romilio llamó a Roberto y le comentó, con cierta molestia, lo acontecido, agregando que estaba quedando “feo” con la rubia. Este le explicó que había echo todo en forma conciente y profesional y que además los instrumentos marcaban condiciones óptimas, que no tenía explicación alguna para aquello.
- No importa compadre, espero ver a Julieta, digo a la dueña del auto, es posible que vayamos a ver esa película que quedó incompleta el sábado y ahí le voy a preguntar que fue lo que paso. El lunes le cuento -
- Bueno compadre, me gustaría saber que paso, me cuenta el lunes, que disfruten la película.-
Romilio se prometió que no le iba a preguntar por los rechazos que tuvo en la revisión del auto, a menos que ella le comentara, solamente iba a aceptar aquella invitación, disfrutarla y hacer lo posible para portarse a la altura de las circunstancias y también lograr una plena aprobación a su desempeño.
Puntual a las nueve Romilio pulsó el timbre de la puerta de entrada, quien lo recibió fue la misma mujer que conoció el fin de semana anterior pero con un look distinto, igual de rubia, pero el pelo más liso, más joven, más alta, más delgada y luciendo un vestido elegante, que trasparentaba algunas partes de un cuerpo exquisito y tentador. Se saludaron con un largo beso como dos novios a punto de casarse.
Romilio traía las manos repletas, dos botellas de buen vino tinto, bombones y un ramo de rosas rojas.
Una comida digna de un rey y una atención que ya se la quisiera el mas rico monarca de algún emirato petrolero. Todo tranquilo, sin apuro, sin reloj, con la 4x4 guardada en el patio detrás del causante de todo aquello, con una noche cómplice y dos amantes dispuestos a llenar cada minuto hasta el amanecer, en compañía de una música suave, una tenue luz y un refrescante ponche a la romana preparado por Julieta.
Y así fue. La noche se hizo corta, la música languideció, la luz se confundió con la aurora y el ponche además de hacerse poco no refrescó ni aplacó el ánimo y el ímpetu de los amantes.
Bien entrada la mañana del domingo Julieta y Romilio se despidieron con caricias, dulces palabras y promesa de amor eterno como si fueran los amantes de Verona.
Cuando Romilio ya sacaba, retrocediendo, la camioneta del patio, llamó a Julieta y le preguntó:
- ¿ Julieta dime por favor, cómo estuvo todo? – ella no dijo nada, solo le dio un gran beso y le deslizó algo en el bolsillo de la camisa.
Ya en su casa al cambiarse de camisa se acordó de lo que Julieta le había puesto en el bolsillo, saco dos hojas de papel dobladas, las extendió y soltó una fuerte carcajada al ver que eran dos formularios de revisión técnica de su propia oficina. Pensó que Julieta no le quiso mencionar los contratiempos que tuvo con la revisión de su auto y como broma le puso estos informes en el bolsillo de la camisa.
Con una sonrisa en los labios leyó el primero de aquellos formularios en el cual estaban todos los datos del vehículo con la fecha del día lunes recién pasado. Los datos indicaban que había un problema con la composición de la “mezcla”, por lo tanto de “carburación”, además que requería revisión del sistema de frenos.
En un borde del papel con letra manuscrita se leía: ajuste de “chicleres”, agregar un “aditivo” y regulación de frenos o cambio de “pastillas”, era muy posible que algún mecánico o alguien entendido hubiera escrito esto como una indicación de lo que había que hacer.
Plazo para la reparación: hasta el próximo viernes.
Al comenzar a leer el segundo formulario su sonrisa se fue transformando en un gesto serio y adusto, éste había sido borrado, conservando si el formato de imprenta, lo demás había sido reescrito con lo siguiente:
Fecha: Sábado tanto… (La de ese sábado)
Marca: Romi Edad del modelo: no se sabe pero se nota con bastante uso.
Problemas o fallas:Tiene fallas de carburación.Se acelera demasiado en muy corto tiempo, aún así no llega a la velocidad máxima, le cuesta desacelerar y mantenerse en “ralenti”.
El sistema de frenos también tiene problemas.
No frena cuando es requerido y la respuesta a la frenada es muy larga, lo que hace que en cualquier momento puede desbarrancar sin alcanzar a llevar a su pasajera al destino final.
Se recomienda:
1) Una limpieza y ajuste de “chicleres”.
2) Un complemento de vitaminas y ginseng.
3) Repasar el manual para ver el uso del freno y
4) Un “aditivo” en “pastillas” especial para ese modelo y año llamado SILDENAFIL (Viagra u otra marca)
Con letras azules grandes y remarcada se leía la palabra RECHAZADO a la que se le había agregado en letra mas chica esta otra: Momentaneamente.
Y con letras de color rojo, destacado y subrayado se leía:Se le cita para una nueva revisión el próximo sábado a las 21 hrs.

El día lunes temprano Romilio recibió un llamado de su amigo Roberto para saber si había averiguado lo que había pasado con el auto de la rubia y el rechazo de la revisión técnica. A lo que Romilio respondió:
- No se preocupe amigo mío, todo fue un mal entendido, todo salió bien, no hubo ningún contratiempo, buen trabajo el suyo y se lo agradezco y acuérdese que le debo una. -
- Ya amigo, me alegro que todo resultara bien. Ah y a propósito ¿Cómo funcionó usted compadre? –
- Tiqui-taca compadre, Tiqui- taca -



© Derechos Reservados - Vicente Herrera Márquez - Nº 166350 - Chile

sábado, noviembre 04, 2006

15) Buscando la estación

Vicente Herrera Márquez

(Un pequeño cuento en verso)


Un día de vendaval, en el sur, en el centro del invierno,
se encontraron en un cruce, que el destino puso allí.
Era temprano, una mañana, quizás por casualidad,
fue en la calle Ventolera casi esquina Brisa Sur.
Ella desafiando al viento iba camino del centro.
Apurado a favor de aquél, él buscaba la estación;
le pedió que le indicara la dirección para llegar.
- Si tu quieres sígueme, hasta allí te puedo acompañar,
es temprano todavía, el trabajo puede esperar –
- Gracias te lo agradezco, pues no conozco este pueblo –
- Dime viajero errante ¿a que ciudad quieres viajar? –
- A cualquier punto distante, que este muy lejos de aquí -
¿Por qué te vas tan triste? ¿Es que no te gusto el lugar? –
- El lugar si me gustó, lo que buscaba no encontré –
- ¿Y por qué te vas tan pronto? Tan solo ayer te vi llegar –
- Entonces, ¿Tú me conoces? ¿Dónde me viste llegar? –
- En una esquina de la plaza, te bajaste de un camión –
- Tienes razón, de un camión en la plaza me bajé,
en la carretera, muy lejos, pregunté por este pueblo
el chofer muy amable me dijo: sube yo paso por allí –
- Te vuelvo a preguntar ¿Porqué te vas tan pronto? –
- Ya recorrí todo el pueblo y no hay espacio para mí,
no encuentro lo que buscaba ni tampoco mi lugar,
y ¿Sabes? era mi meta, el poder llegar hasta aquí –
- ¿Por qué? te pregunto viajero, ¿querías llegar hasta aquí?
y si querías llegar ¿Porqué tan pronto te vas? –
- Buscaba un lugar que dejé y quizás una quimera –
- ¿Qué quieres decir viajero, con quizás una quimera? –
- Ella… no me conoce, pero creí me estaría esperando,
porque, con finísimos hilos, letras y bellas palabras
tejió un puente muy largo para llegar hasta aquí;
seguro el puente lo borró el viento y aquí nunca tuve un lugar –
- ¿Cómo es la mujer que tu buscas?, quizás la conozco yo –
- La mujer que yo busco es buena , alegre y hermosa,
tiene una voz que acaricia y verde agua el mirar…
quiero agregar algo más que no me atrevo a decir –
- Dilo viajero triste, dilo pronto, su nombre quiero saber –
- Esa mujer que yo busco escribe sueños de amor,
de su cuello cuelga una imagen con un signo zodiacal
y su piel huele a nostalgias con un embrujo oriental…-
- Si no me dices el nombre que tiene esa mujer,
aquí te dejo y busca tú la estación, yo me voy a trabajar –
- Espera, ahora te lo voy a decir, esa mujer… esa mujer…
¡aaay! no me atrevo a decirlo… no me quiero equivocar –
Ella de su blusa, sin importar el frío, soltó un botón,
en su blanco cuello pudo ver él, un signo zodiacal
y en el viento sintió un aroma de mandarinas e ylang-ylang.
-¡Ahora sí! ¡Ahora se quien es ella! no me puedo equivocar –
- ¡Dilo! ¡Dilo viajero tonto! Dime quien es la mujer que buscas –
- ¡Sí ahora puedo gritarlo! ¡Gritarlo a los cuatro vientos!
¡Sí, sí, sí, esa mujer… esa mujer… esa mujer eres tú! –
Ella lo miro a los ojos y sus labios temblando susurraron:
-¡No te vayas viajero hermoso, si también te esperaba yo!
Además debes saber, que a propósito y queriendo, te mentí,
hoy es feriado, no hay que trabajar, a ti te vine a buscar.
También te voy a contar que la estación es muy vieja,
no tiene campana ni anden, y hace ya muchos años,
tantos como mi edad, que desde allí no parte un tren. –
Se miraron largo rato… los labios no se abrieron…
con los ojos dijeron todo… se tomaron de la mano…
y enfrentando miradas escondidas se fueron caminando,
agradeciendo al destino que en una esquina del viento
una de mil quimeras la tornara en realidad.
Atrás quedó la tristeza esperando tren en la estación.


© Derechos Reservados - Vicente Herrera Márquez - Nº 166350 - Chile

lunes, abril 24, 2006

14) Skypéame

Vicente Herrera Márquez

¡Bhuu! cortó, tan bien que estábamos conversando y pasando la tarde, bueno mañana la llamo a ver si quiere que sigamos platicando a través del Skipe. No alcancé a preguntarle si esto es actual...

En una ciudad del sur, puerto del Océano Atlántico, donde casi todos los días sopla un viento fuerte, una tarde de otoño, mujer escucha en su computador un:
-Hola. ¿Cómo estas?-
-Y contesta:
-Bien.- ¿Y tú?- ¿Quién eres?
-No te acuerdas, hablamos anoche.-
-¡Ahhh! Ahora me acuerdo, tú eres de esa ciudad del norte a orillas del Pacífico...-
-El mismo y si no crees comprueba la dirección IP-
-A ver espera unos momentos...sí aquí esta... estamos bien distantes uno de otro, pero dime: ¿Porque no pones tu nombre, tu edad u otros datos en tu perfil?-
-Prefiero el anonimato, la incógnita y así abrir caminos a la imaginación.-
-No me gusta, prefiero saber con quien me comunico, tu ves que yo coloco mi nombre completo, mi e-mail, mi fotografía actual y mi edad real...-
-Y te ves muy linda en esa fotografía y tienes la edad precisa-
-¿Edad precisa? ¿Y para que?-
-Y, bueno para...para que conversemos, digo yo...-
-Bueno, entonces conversemos.- ¿Qué estas haciendo?-
-¿Quieres que te cuente lo que estoy haciendo?-
-Si cuéntame, quiero saberlo-
-Bueno te voy a contar, voy caminando por...
-¿Caminando?-
-Bueno, imagina que puedo ir con un equipo movil o... es lo que te decía, dale rienda suelta a tu imaginación.
-Te voy a seguir la corriente imaginemos. ¿Qué mas?-
-Dime: -¿Hace rato que llegaste?-
-Si ya hace como dos horas, hace frío, y esta por llover, menos mal que dejo de soplar el viento que en la mañana estuvo muy fuerte.-
-¿Estas tomando mate?-
-Si-
-¿Sola?-
-Sí, sola-
-Espérame, voy para allá para tomar unos mates contigo-
-¿Qué? ¡ahh ya, entiendo. Bueno ven te espero ja ja ja ja. Pero ven rápido y pasa a comprar facturas, me gustan con crema pastelera ja ja ja ja ja ja-
-A ver si me acuerdo como llegar, me dijiste que vivías en el barrio....en el barrio...-
-¿Te lo dije?-
-Sí, anoche cuando hablamos.-
-¿Anoche? Ah si, ahora recuerdo. Jardín del Mar, así se llama el barrio...-
-Eso, Jardín del Mar, sabía que era un jardín, pero no recordaba de donde-
-¿Dónde estas ahora?-
-Estoy lejos pero voy a llegar en pocos minutos...sigo caminando, mejor voy a correr.-
-Ja ja ja ja ja ja-
-Por que te ríes.- ¿No me crees?-
-Quisiera creerte, me gustaría conocerte. Te encuentro simpático, por lo menos me estas haciendo reír y falta que me hacía, puesto que tuve un día muy atareado en la oficina y además una discusión tonta con la jefa, vieja jodida que ya no la aguanto, cualquier día de estos la voy a mandar al carajo...-
-Ya pues, no estés enojada, al mal tiempo buena cara y aguanta a la vieja tal como aguantas ese viento, también jodido, que hay en tu ciudad.-
-¿Cómo sabes del viento? Si tienes razón es mejor aguantar, los tiempos no están para quedar sin trabajo y menos por discutir con una vieja pesada que algo le esta faltando.-
-¿Qué le esta faltando?-
-Supongo que algo le falta, por el genio que tiene.-
-Cuéntame ¿Y a ti no te falta nada?-
-Mmmmm ji ji ji ji ¿Qué crees tú?-
-No se, te pregunto. Todos tenemos siempre alguna carencia, también yo, pues algo creo que me esta faltando...-
-¿Qué te esta faltando?-
-Mmmmmm ja ja ja ja ja ¿Qué crees tú?-
-¿Qué haces?-
-Sigo caminando, ya estoy cerca de tu casa.-
-Si claro, voy a hacer como que te creo. Me esta gustando el jueguito.- ¿Dónde estas?-
-Ya estoy en tu barrio, voy caminando por la calle Del Parque...-
-¿Qué calle?-
-Calle del Parque.-
-Oye, esa es la calle principal de mi barrio-
-Linda la calle, estoy entre Las Acacias y Los Naranjos-
- mmmm, este...-
-¿Cómo dices, no te escucho bien. ¿Tú me escuchas?-
-Si. Si, pero...-
-¿Pero que?-
-Pero ¿Cómo sabes de esas calles? ¿Estas con un plano? Eso esta cerca de mi casa.-
-Entonces voy bien, o sea que te voy a ver luego. Ahora voy cruzando una calle ancha que se llama, se llama, espera voy a leer el letrero, se llama Paseo de las Rosas.-
-¡Oooooh! ¿Tú conoces este barrio? ¿Cómo sabes el nombre de las calles? ¿Estas con un plano?
-Bueno fácil, si voy caminando por ellas y veo los letreros en las esquinas.-
-Oye no puede ser...hay algo raro, me estas asustando... ¿Estas viendo un plano?-
-Ahora sigo por el Paseo de las Rosas hacia la avenida ancha, allá al fondo donde se ve bastante movimiento de vehículos....-
-Esa es la Avenida Central, la que va hacia el centro de ciudad... no, no debo caer en tu juego.-
-Voy a cruzar una calle mas angosta que tiene una corrida de árboles altos, parecen pinos..., no veo el nombre, los árboles hacen mucha sombra.-
-¡Los Pinos!, esa es mi calle, ahí vivo yo. No, no te creo, no puede ser, me estas mintiendo.-
-No pues, porqué te voy a mentir, no hay razón para ello.-
-¿Tu eres vidente o algo por el estilo? ¿O me estas tomando el pelo? Pero es que todo es tan real que no se que pensar.-
-No. No soy vidente, ni adivino, ni brujo, ojalá lo fuera, simplemente estoy en este barrio tuyo que por lo demás es muy lindo. Tu casa debe ser esa que esta en la vereda norte de la calle Los Pinos, antes de llegar a Los Limoneros, esa de reja verde...-
-¡Ayayay! ¡ayayay! No puede ser... no puede ser... me estas mintiendo, estas jugando conmigo.... Sí, esa es mi casa. Cómo puedes saberlo si tú nunca has estado por acá. ¿O si?-
-No mujer, nunca he estado por aquí y no estoy jugando. Pero espera un poco mas, me olvide de pasar a comprar facturas voy a ese negocio que esta en la esquina de la avenida Central con el Paseo de las Rosas, me imagino la misma esquina donde tú tomas por la mañana el colectivo que te lleva al trabajo.-
-Sss... Estoy cayendo en el jueguito... No me explico como puedes saber tanto si tú no conoces esta ciudad y además estas lejos. Nunca me has visto, no puede ser. Por favor dime la verdad....-
-¿Qué verdad? La verdad es que ya compre las facturas, no había con crema pastelera, solamente con dulce de leche, espero que igual te gusten. Ahora voy para tu casa, esta haciendo bastante frío y parece que la lluvia ya se larga, parece que va a ser fuerte el temporal y yo me vine con camisa delgada, un chaleco de hilo liviano y con zapatillas de lona, parece que esta noche voy a tener que quedarme en tu casa, ¿Qué dices?¿Me dejas quedarme contigo?-
-No se, no se, no se que decir. Esto no puede ser, ya estoy imaginando que en estos momentos vas a llamar a mi puerta y no se como voy a reaccionar...debo estar soñando, pero te estoy escuchando y algo me retiene y no puedo cortar.-
-No, no estas soñando mujer, vas a ver que en unos minutos estoy contigo y todo es realidad y espero que sea una dulce realidad igual que las facturas que compré, esas con dulce de leche.-
-A ver, a ver... no se... bueno ya que eres vidente dime, realmente no me atrevo a preguntar, me da miedo, pero dime ¿Qué llevo puesto?-
-¿Qué llevas puesto? ¿Te refieres a ropa?-
-Si-
-A ver, a ver, llevas, llevas, la verdad no puedo visualizarte muy bien y como ya te dije no soy vidente ni brujo, solo veo lo que veo.-
-Entonces me has estado mintiendo todo este rato. Pero... no, no creo, por que todo lo que has dicho es real, pero ahora me entran dudas, no puedes saber que es lo llevo puesto.-
-La verdad que no alcanzo a distinguir muy bien pero parece que llevas un pijama de dos piezas de color claro y una bata hasta la rodilla con flores azules, verdes y amarillas....-
-Ja ja ja ja ja te equivocaste, hasta aquí llego tu jueguito, menos mal que te pillé, por que la verdad es que me tenias sumamente asustada, ya no sabía que pensar...-
-Voy llegando a tu puerta, lindo tu antejardín, se ven preciosas las lavandas del rincón
y también esta hermoso ese macizo de petunias, y ese rosal con flores encendidas es magnífico, se nota la mano de una mujer hermosa y apasionada....-
-Si, claro ahora te sigo, solo estas adivinado. Gracias, me gustan las plantas y las flores, sobre todo me gusta la naturaleza... ves otra vez estoy cayendo en tu juego, pero no se ya que pensar, si mi jardín realmente es así.
-Espera, espera, espera mujer ahora veo mejor, realmente ahora te veo bien. Las flores de colores azules, verdes y amarillas no son de una bata ¡Son las cortinas! ¡Ahora te veo bien! ¡Ahora si!, estas parada frente a la ventana, al lado de esa lámpara de pie, solo llevas una bata transparente y en este momento la llevas abierta por delante y veo unas redondeces exquisitas, unos muslos blancos, tentadores y un monte sublime... ¡aah que belleza es la que estoy viendo!...-
-No. No. No puede ser... no puede ser...es cierto que me estas viendo... pero esto no esta pasando....Por favor no sigas, no sigas.... ¿Que hago, que hago? Voy a cortar... voy a cortar....-
-Estoy en la puerta voy a tocar el timbre.....-
-Por favor no, no por favor, voy a cortar, voy a cortar, tengo que cortar...-
Pipipipipipipip.....se escucha el sonido de una comunicación al cortarse o ¿Es el sonido del timbre de la puerta de una casa, en una calle de un lindo barrio, en una ventosa ciudad del sur?
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